Mensajes de amor y desamor superacion inspiracion y reflexiones

Archive for the 'mensajes esperanzadores' Category

Si Crees

Si crees en ti mismo,
en tu sonrisa,
en tus valores…
es posible un mundo mejor.

Si crees en los demás,
en sus acciones,
y aceptas sus decisiones…
es posible una sociedad mejor.

Si confías en los demás,
tiene fe en ellos,
y comprendes sus errores…
tu mañana será mejor que hoy.

Si sabes perdonarte a ti mismo
y también a tu prójimo…
un día alcanzarás
la meta que te has trazado.

Si tienes fe en Dios,
en su bondad y en sus designios…
tu caminar por el desierto
terminará en un oasis.

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Tu Corazon Guarda

Tu corazón guarda, muy ocultos, tus sueños.

Hoy es el día de comenzar a convertirlos en realidad.

Este es el desafío más importante que te propone la vida.

Diferentes caminos abren frente a ti infinitas posibilidades y solo tú puedes elegir a dónde dirigir tus pasos.

Tus anhelos tal vez estén aún sin explorar, tal vez te cueste todavía nombrarlos, darles una definición precisa o imaginar siquiera qué deseas para ti en el futuro.

Sabes sí, con íntima certidumbre que ansías algo distinto a lo que tienes hoy, que tu meta no se parecerá a ninguna otra…

Sabes que será mejor, incluso, que aquella que desean para ti los que te aman… porque será tuya.

Pero, a veces, tu corazón guarda también, junto a tus sueños, silenciosos miedos.

Miedo a lo desconocido, miedo a fracasar, miedo a crecer, miedo a recorrer el camino en soledad…

Entonces, cuando el mundo exterior te parezca difícil de afrontar, cuando sientas que la presión se te hace casi insoportable… busca la fuerza en tu interior.

Encuentra un momento de paz para meditar de dónde vienes y a dónde quieres ir.

Descubrirás que el poder de generar el cambio está dentro de ti.

Eres una persona única… capaz de lograr todas las metas que te propongas, por difíciles que sean, por inciertas que se te presenten.

Tu coraje y tu entusiasmo son los recursos con los que cuentas para llegar hasta la victoria.

Nunca creas que tus armas, por ser pocas, son ineficaces: nada es más fuerte que tu pensamiento, nada es más seguro para lograr lo que deseas que tu convicción de que podrás hacerlo.

Si otros han conseguido alcanzar objetivos parecidos a los tuyos, esto significará para ti que es posible hacerlo; si nadie, hasta hoy, ha podido lograr lo que sueñas, tu desafío será mayor, pero nunca creas que eso lo hace imposible.

Por momentos, la preocupación frenará tu marcha, pero cuando llegue la calma después de la tormenta, comenzarás a ver con nuevos ojos todos los dones que has recibido en la vida.

Cuando dudes de ti, cuando sientas que estás a punto de desfallecer, no permitas que el desaliento te haga perder el rumbo. Concéntrate en tu objetivo y encamínate hacia la meta.

Cuando te enfrentes con obstáculos que parezcan abrumadores, busca un nuevo rumbo y marcha en una nueva dirección. Es posible que encuentres una maravillosa sorpresa esperándote a la vuelta del camino.

Tienes el poder de hacer de tu propio mundo un lugar mejor. Tú decides a cada instante hacia donde orientar tus actitudes. Si tus pensamientos son positivos, harás que tu mundo también lo sea.

Recuerda que cada bifurcación te obligará a escoger entre un sendero y otro; recuerda que para llevar un sueño hasta el límite de su conquista tendrás, quizás, que abandonar otro.

Estas elecciones casi nunca son sencillas: a veces querrás inclinarte simplemente por el sueño más fácil; otras, intentarás silenciar tus anhelos más profundos cambiándolos por una cómoda rutina…

Pero llegará el momento en que debas tomar tus decisiones. Piensa bien la consecuencia que tendrá cada una de ellas en tu mañana, déjate guiar por la intuición: confía en tu corazón.

Entona tu propia canción con la seguridad de que existe en tu interior una hermosa melodía.

¡Compártelo con el mundo!

Prepárate para el éxito…

Explora tus oportunidades…

Vive a pleno cada momento…

Piensa que cada paso es valioso en sí mimo y, a la vez, te acerca un poco más a tu meta.

Necesitarás de la paciencia tanto como de la voluntad para alcanzar tu objetivo…

Si vislumbras claramente ese sueño en tu horizonte, pero te parece que se aleja en lugar de acercarse, ten la certeza de que si sigues buscando las estrellas, ellas serás tuyas muy pronto.

Persigue, sin claudicar, todos tus sueños.

Tu vida se verá enriquecida, las puertas se te abrirán y alcanzarás cada una de tus metas.

Escucha tu corazón. Confía en ti.

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Cuando el mundo se vuelva en tu contra

Cuando el mundo te deprima, observa lo que te rodea con objetividad.

Avanza de manera positiva; no te dejes caer en una visión negativa.

Mira las cosas tal y como son.

No permitas que las trivialidades te distraigan.

Haz lo que puedas, como puedas, con los recursos que tienes a tu disposición.

No menosprecies tus esfuerzos; cuentas con la fortaleza interior para cambiar lo que sea necesario.

Enfréntate a la situación con la intención de remediarla; haz lo que necesites para resolverla y dejarlo atrás.

Avanza en dirección a la felicidad; encamínate hacia tus sueños y alcanza tu estrella.

Y recuerda que eres tu… quien lleva las riendas.

Collin McCarty

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Alguien me enseño

A ser consciente del privilegio de la vida.

A responder con ello a los talentos que Dios me ha dado.

A ser feliz, siendo yo mismo, conforme a mi vocación y a mis
sueños.

A tener el coraje de ser libre para elegir mis caminos, venciendo mis temores y asumiendo las consecuencias de mis actos.

A tener alegría para construir mi felicidad.

A tener éxitos, pero también fracasos, que me recuerden mi condición humana, la grandeza de Dios y el peligro de la soberbia.

A querer el presente, elegir el futuro y trabajar para conseguirlo.

A recordar el pasado, pero no vivir en el ayer; a soñar en el futuro sin despreciar el presente.

A perdonarme mis errores, mis culpas y mis caídas.

A tener el suficiente valor para pedir perdón y a perdonar a otros, olvidándome de los rencores.

A renacer cada día.

A sentir que Dios vive en mí y agradecerle su infinito amor, su
entrega incondicional y su presencia.

A dejar de sobrevivir y atreverme a vivir.

A hacer de cada día, un día especial para los demás y para mí.

A entender que, al igual que otros, se puede ser buen hijo, hermano, esposo, guía y amigo.

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Una Historia De Esperanza e Inspiracion: La Historia Personal De Steve Jobs

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí en forma libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue atolondrado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue atolondrado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid atolondrados.

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