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Más mensajes cristianos: el día en que Jesús guardó silencio

Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…

En algún lugar entre la semi-inconsciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón, no tenía nada en especial salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros iban del suelo al techo y parecía interminable en ambas direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí descuidadamente y empece a pasar las fichas.

Tuve que detenerme por la impresión, había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las muchachas que a MÍ me habían gustado!Perdoname Jesus

Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar de donde me encontraba. Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un crudo catálogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria había ya olvidado.

Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido. Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.

El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné cuando más me necesitaban”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Chistes que conté”, otros títulos eran: “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”, “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”, “Videos que he visto”…

No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros habían muchas mas tarjetas de las que esperaba y otras veces menos de lo que yo pensaba. Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había acumulado. ¿Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esas millones de tarjetas? Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma. Cuando vi el archivo “Canciones que he escuchado” quedé atónito al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y, ni aun así, vi su fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba haber perdido.

Cuando llegué al archivo: “Pensamientos lujuriosos” un escalofrío recorrió mi cuerpo. Solo abrí el cajón unos centímetros.. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí asqueado al constatar que “ese” momento, escondido en la oscuridad, había quedado registrado…

No necesitaba ver más… Un instinto animal afloró en mí. Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe de ver estas tarjetas jamás. Nadie debe entrar jamás a este salón.. .¡Tengo que destruirlo!. En un frenesí insano arranqué un cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido. Pero descubrí que no podía siquiera desglosar una sola del cajón. Me desesperé y trate de tirar con mas fuerza, sólo para descubrir que eran mas duras que el acero cuando intentaba arrancarlas. Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar. Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invisible de mis miserias, y empecé a llorar.

En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación: “Personas a las que les he compartido el Evangelio”. La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lagrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar. Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza. Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente: nadie deberá entrar a este salón, necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre.

Y mientras me limpiaba las lagrimas, lo vi. ¡Oh no!, ¡por favor no!, no!, ¡cualquiera menos Jesús!. Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. No soportaría ver su reacción. En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada. Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene que leerlos todos?

Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza, me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo. El, se acerco, puso sus manos en mis hombros. Pudo haber dicho muchas cosas. Pero el no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio. Era el día en que Jesús guardó silencio… y lloró conmigo.

Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. ¡No!, le grité corriendo hacia El. Lo único que atiné a decir fue solo ¡no!, ¡no!, ¡no! cuando le arrebaté la ficha de su mano. Su nombre no tenía por que estar en esas fichas. No eran sus culpas, ¡eran las mías! Pero allí estaban, escritas en un rojo vivo. Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre. Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas. No entiendo como lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a los ojos y me dijo: Consumado es, está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa.

En eso salimos juntos del Salón… Salón que aún permanece abierto…. Porque todavía faltan más tarjetas que escribir… Aún no se si fue un sueño, una visión, o una realidad… Pero, de lo que si estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrará más fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.

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Mensajes de motivacion: Cinco consejos importantes que nos da la vida

1.- La pregunta más importante.

Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor
nos dio un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la ultima:

“¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”

Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo
a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la
última pregunta contaría para la nota del examen. “Absolutamente”, dijo el
profesor. “En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son
importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían
y digan: “¡Hola!”"

Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.

Todos somos importantes

2.- Auxilio en la lluvia.

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana, de edad avanzada
estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de
soportar una fuerte tormenta.

Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la
llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche.

Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.

Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: “Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no
sólo mi ropa sino mi espíritu.

Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Sinceramente: La Señora de Nat King Cole.”

No esperes nada a cambio y lo recibirás

3.- Siempre recuerda aquellos a quienes sirves.

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. “¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?” pregunto el niño. “Cincuenta centavos”, respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. “¿Cuánto cuesta un helado solo?”, volvió a preguntar.

Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. “Treinta y cinco centavos”, dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. “Quiero el helado solo”, dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.

El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos… su propina.

Jamás juzgues a alguien antes de tiempo

4.- Los obstáculos en nuestro camino.

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca. Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.

Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

5.- Donando sangre.

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido
milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano dela niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Si, lo haré, si eso salva a Liz.”

Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora empezaré a morirme?

Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aun así se la daba.

Da todo por quien ames.

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Mensajes de motivación: Vivir al maximo y volver a empezar

Vive tu vida al máximo

Aprovecha al máximo cada hora, cada día y cada época de la vida

Así podrás mirar al futuro con confianza y al pasado sin tristeza

Sé tú mismo

Pero sé lo mejor de ti mismo

Ten valor para ser diferente y seguir tú propia estrella

Y no tengas miedo de ser feliz

Goza de lo bello

Ama con toda el alma y el corazón

Cree que aman, aquellas personas que tú amas

Olvídate de lo que hayas hecho por tus amigos y recuerda, lo que ellos han hecho por ti

No repares en lo que el mundo te debe y fíjate en lo que le debes al mundo

Cuando te enfrentes a una decisión, tómala tan sabiamente como te sea posible

Luego olvídala

El momento de la certeza absoluta nunca llega

Sobre todo recuerda, que Dios, ayuda a quienes se ayudan a sí mismos

Actúa como si todo dependiera de ti, y reza como si todo dependiera de Dios

Vive cada día a plenitud.

Autor desconocido

Vuelve a empezar

Aunque sientas el cansancio;
aunque el triunfo te abandone;
aunque un error te lastime;
aunque un negocio se quiebre;
aunque una traición te hiera;
aunque una ilusión se apague;
aunque el dolor queme los ojos;
aunque ignoren tus esfuerzos;
aunque la ingratitud sea la paga;
aunque la incomprensión corte tu risa;
aunque todo parezca nada;
¡VUELVE A EMPEZAR!

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Quiérete y no dejes de querer

Cuando una persona decide no compartir y darnos parte de su valioso tiempo, considera que, sus razones tendrá, los primeros días nos dará mucha tristeza e impotencia que esa persona que nosotros deseamos darle todo nuestro ser, no tenga el mismo sentimiento, pero considera siempre 5 cosas que creo que son importantes:

1.- Una moneda vale lo mismo por cada una de las caras, una persona que te da la espalda, por el otro lado seguirá siendo espalda, entonces ¿Qué valor tendría que llorar por ella?

2.- En el momento en que tú das todo por una persona que te ve como un estorbo, date cuenta que hay al menos una persona que llora por lo que estás sufriendo y te quiere tener.

3.- No te encariñes de fantasmas, porque vivimos en un mundo real, donde lo correcto es dar gracias y recibir disculpas.
Quierete a ti mismo
4.- Ignora a quien te ignore, recuerda que la vida es un camino, tú eres una automóvil y en el camino existen topes, hoyos y demás obstáculos, recuerda que los amigos son trabajadores que tapan esos hoyos y las otras personas son piedras que no escuchan ni sienten lo que tú les quieres dar… ¡Ánimo!

5.- Da gracias, incluso por lo que no recibiste de alguien que no quiso darte nada, dale gracias, porque aunque ella no sintió dártelo, tú si lo sentiste y por eso quisiste conocerla y estar a su lado, eso te da calidad humana y grandeza personal, el dar sin recibir.

Te escribo estos Pensamientos para que sepas que la vida es para vivirla y las lágrimas son para permitir que el corazón hable por ti, cuando ni todas las palabras pueden expresar un sentimiento.

  • Cuando estés llorando por alguien que no valora tus lágrimas, recógelas y riega una rosa con ellas, veras que las espinas se las lleva la persona que no te valoro y los pétalos se quedarán contigo.
  • El verdadero amigo no es quien más te abraza, sino el que más mira tus ojos.
  • Cuando una persona no te quiera tanto como tú la quieres, quiérela como ella te quiere a ti.
  • Cuando camines con una persona no la protejas de los carros, protégela de las personas, los carros no atropellan.
  • Cuando creas que eres una persona muy querida, voltea a tu alrededor y mira tu soledad.
  • Antes de abrir la puerta de tu corazón, cierra todas las demás para que no te lastimen tanto.
  • Cuando alguien no quiera conocerte, cuando seas un estorbo en su vida de esa persona, retírate, porque hasta en el ajedrez el peón le gana al rey, y tu humildad ganara siempre al ego de las personas.
  • Cuando quieras regalar algo a una persona en su cumpleaños, compra un regalo caro, pero recuerda que lo más caro es el tiempo que dedicas en hacerle su regalo y en pensar en ella.
  • Cuando te pidan un abrazo trata de tatuar tus manos en su espalda.
  • Ama cuando la persona que está a tu lado te haga hablar con los oídos, mirar con las manos y escuchar con los ojos.
  • Todos los días procura levantarte con los dos pies, si te levantas con el derecho no podrás caminar.
  • Nunca des sonrisas ni abrazos falsos, recuerda que la imitación no dura mucho como lo original.

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Cuanto se puede sufrir por una persona

¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien? ¿Cuál es el límite? La respuesta es personal e intransferible.

La egoísta sensación de merecer que surge por el hecho de dar, no es siempre egoísmo o utilitaria generosidad, sino auténtica dignidad.

Cuando damos lo mejor de nosotros mismos, cuando decidimos compartir nuestra vida en intimidad, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos nuestra alma hasta el último rincón,

cuando perdemos toda vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión, existe merecimiento.

Por supuesto que merecemos en virtud de honesta y franca dignidad.

Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración, vileza del ser, o, en el mejor de los casos, ligereza.

Cuando amamos a alguien que, además de no correspondernos, desprecia nuestro amor, estamos en el lugar equivocado.

Definitivamente, esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. Con una nueva conciencia la disyuntiva empieza a dejar de serlo, la cuestión empieza a hacerse clara y transparente, obvia: si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy.

Nadie de corazón sensato se quedaría tratando de agradar o disculpándose por no ser como les gustaría a los otros que fuera. R.W. Emerson lo expresó de sublime manera: “La verdad es más hermosa que el fingimiento del amor”.

En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime.

¡Haz surgir una nueva conciencia en ti! Incluso, si alguien te hiere reiteradamente sin “mala intención” – este absurdo existe - es posible que te merezca, pero en verdad no te conviene. Definir tus límites, basados en tu dignidad, es el mejor modo de conservar tu…

¡Emoción por existir!

Autor: Alejandro Ariza

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Abre los ojos, aún hay tiempo

De pronto, tan repentino como un parpadeo, me encontraba en un lugar, que parecía perfecto; no había de que preocuparme, sabía que nada de esto existía, problemas menores y ridículos que creaba en mi mente, pero solo en un extraño lugar finalmente.

Atrapado y libre al mismo tiempo pensé, al principio supuse las barreras con el tiempo solas caerían, pero jamás pensé que caería primero, ¿Ellas o yo? Cuando me percataba, observé que era más fuerte de lo que pensaba, y lamentablemente todo lo demás lo superaba miles de veces, las paredes me habían hecho crecer, pero no lo suficiente para saltarlas, pues aunque pareciesen más pequeñas, eran más grandes aún.

Al otro extremo de aquella barda, se encontraban mis seres queridos, débiles y desprotegidos aunque piensen son los más fuertes, en ese momento, pensé si no puedo saltarlo. ¿Por qué no derrumbarlo? Buena pregunta y optimista, mala y terminante respuesta, pues al derribarlo mis seres queridos sucumbirían ante su peso.

No tengo idea de porque la única pregunta en mi mente era una situación hipotética y hasta cierto punto imposible, un sueño. ¿Qué pasará si las paredes de pronto desaparecieran? Era un miedo impresionante, me aterraba la idea de no poder vivir más fuera de este lugar, como si una necesidad se hubiese suprimido por una mala costumbre, que ni siquiera voluntaria era.

Sabía perfectamente, que un sueño era el reflejo de haber perdido la fe ya la esperanza en algo, y por este motivo, me atrevo a decir que esto solo era un sueño, pues la esperanza en ser libre de nuevo, era imposible ahora para mí…

Tan repentino, como todo comenzó, todo terminó… habían pasado solo unos segundos antes de que escribiera esto y unos pocos más después de lo anterior, ahora no existen los muros, estoy muerto, quise vivir cada día como si fuere el último, pero nunca me di cuenta que no había vivido ni siquiera el primero.

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Las olas de la vida

Una vez, un niño se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago.

Sin darse cuenta, el botecito impulsado por un ligero viento fue más allá de su alcance.

Apenado, corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor  que se hallaba cerca, para que lo ayudara en su apuro.

Sin decir nada el muchacho empezó a juntar piedras y a arrojarlas… al parecer en contra del barquito.

El pequeño pensó que nunca tendría su barco otra vez, y que el muchacho se estaba burlando de él. Sin embargo, luego se dió cuenta de que en vez de tocar al barco, cada piedra iba un poco más allá de éste y originaba una pequeña ola que hacía retroceder el barquito hasta la orilla.

Cada piedra estaba calculada, y por último el juguete fue traído al alcance del niño pequeño, que quedó contento y agradecido con la posesión de su pequeño tesoro.

A veces ocurren cosas en nuestra vida que parecen desagradables, sin sentido ni plan, y hasta nos parece que nos hunden más y más; pero si esperamos y tenemos confianza en Dios nos daremos cuenta de que cada prueba es como una piedra arrojada sobre las aguas de nuestra vida, que nos trae más cerca de nuestro objetivo.

A la vida podríamos verla como un laberinto con muchos caminos por tomar.

En él camino que elijamos, podemos estrellarnos contra las paredes cuando las circunstancias son difíciles, pero… ¿porque angustiarnos, preocuparnos o renegar de los problemas?.

Tomemos una actitud positiva… ¿es difícil?, ¡claro que lo es!, pero obviamente no construiremos nuestra pirámide en veinticuatro horas, debemos perseverar.

Ni el talento ni la suerte, ni las buenas relaciones interpersonales, ni las buenas posiciones, nos pueden ayudar por sí solas; solo perseverando podemos alcanzar nuestras verdaderas metas en la vida.

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El efecto de la fe

Generalmente cuando se habla de fe se está haciendo referencia a las convicciones religiosas de una persona, como por ejemplo cuando se habla de “la fe de los mártires”. Sin embargo, no es el único uso que se le da a esta palabra, como se puede ver en las expresiones: “Tengo fe en que volverá” y “Tiene mucha fe en si mismo”.

La expresión “tener fe” significa una creencia total en algo, que no deja lugar a la duda, al contrario que el término “creer”, el cual deja un margen abierto para la misma. No es lo mismo decir: “Creo que volverá”, que decir “Tengo fe en que volverá”. No obstante, emplearé las palabras “fe” y “creencias” con el mismo significado de algo en que la persona cree sin reparos.

Las creencias de cualquier tipo, tanto las religiosas como las que no lo son, han producido grandes beneficios a la humanidad, pero también han producido grandes perjuicios cuando fueron obedecidas irreflexivamente. Por ejemplo, la fe en la superioridad de una raza o en la superioridad de una religión ha conducido a los hombres a guerras de exterminio. Pero la fe religiosa y la creencia en la hermandad de todos los hombres han inspirado conductas abnegadas que han servido de inspiración para miles de personas.

Podemos ver entonces el gran efecto que tiene la fe en la persona humana y, por consiguiente, en la sociedad humana. No de balde se ha dicho que: “La fe mueve montañas”. En el aspecto personal, y en particular en lo que se refiere a la superación personal, la fe (o las creencias) es uno de los temas más importantes a considerar. Las creencias pueden ser tanto positivas, las que nos alientan a la acción, como negativas: aquellas que nos debilitan.

La creencia más importante en lo que se refiere a la superación personal es la fe en uno mismo. Es el factor que por sí mismo puede desbalancear la batalla completamente para un lado o para el otro. Una persona de capacidades mediocres puede triunfar si cuenta con fe en sí misma donde otra de mejores capacidades fracasa por no tener dicha fe o confianza.

La fe o confianza en sí mismo se suele a veces confundir con la autoestima, pero en realidad no son lo mismo. La confianza en sí mismo es algo más básico, más limitado que la autoestima. Se refiere a la creencia que tienes con respecto a tu capacidad para hacer algo en particular. La autoestima significa algo más general, referido a la opinión que en general tienes de ti mismo.

Una persona puede tener fe en sí misma para algunas cosas y no para otras, en ciertos ámbitos y no en otros. Podemos observar a una persona que se desempeña en sus tareas habituales con una gran seguridad en sí misma, y que pierde totalmente o en gran medida esa seguridad cuando se la traslada a un ámbito al que no está acostumbrada.

La fe en si mismo puede provenir de varias causas, algunas más frecuentes y naturales, otras más raras o artificiales. El medio ambiente es, como en otros casos, la influencia más común y más perdurable. El medio ambiente que nos interesa en este caso (también llamado “entorno”), está formado por las personas que rodean a la persona durante su infancia. Las acciones de los padres, los maestros, los amigos, y los compañeros escolares de la criatura, son sumamente influyentes en la confianza en sí misma que esa persona experimente cuando sea adulta.

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Exito

El exito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles y académicos que tienes, ni a la sangre heredada o a la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuantos carros quepan en tu gareje. No se trata de si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominete de clubes sociales. No tiene que ver con el pode que ejerces o si eres un buen administrador o hablas bonito. No es la tecnología que empleas. No se debe a la ropa que usas, ni a los grabados que mandas bordar en tu ropa, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu estatus social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo.

El éxito…se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuieste egoísta o generoso, si amaste la naturaleza, los niños, los animales, y si te preocupaste por los ancianos.

Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen, sino de cuántos realmente te aman. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila y tu deseo de ser más, no de tener más.

- Carlos Slim -

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Pasos Hacia La Aceptación

No siempre es fácil llegar a una actitud de aceptación, pero es la clave para sacar el mayor provecho de las situaciones.

Una actitud de aceptación significa apreciar lo que sucede sin pretender que sea diferente. aceptar tiene que ver con pensar que cada momento, aunque sea doloroso, molesto o parezca insignificante, puede enseñar algo. Es una actitud esencialmente de apertura, que permite ver las cosas con claridad, tal como son, y dejarlas pasar.La aceptación tiene que surgir del corazón y a menudo es una meta a la que se llega después de un largo camino.

7 claves para gozar de la vida

1.-Los sentimientos.Negamos un sentimiento cuando nuestra razón dice que es indebido o vergonzoso, pero así quedamos encallados en esa emoción y puede desbordarse en cualquier momento. Reconociendo los sentimientos podremos profundizar. Nadie puede conocerse ni aceptarse si no llega a ser sincero con sus propias emociones.

2.-El cuerpo.Aprender a sentir y aceptar el propio cuerpo mejora la relación que se tiene con uno mismo, lo que a su vez permite disfrutar con mayor plenitud de las sensaciones.

3.-Los momentos duros.La vida no siempre es fácil, ni siquiera para los más afortunados. Intentar tomar un poco de distancia puede servir de ayuda, ya sea imaginándose que con el tiempo todo pasará, poniendo pinceladas de humor o encontrando un sentido más allá del sufrimiento. La única forma de liberarse del dolor es aceptándolo.

4.-Tus dones.Todas las personas sin excepción tienen dones especiales. Conocerlos y apreciarlos es esencial para lograr confiar en uno mismo.A menudo perdemos la capacidad de valorar los aspectos positivos de la vida y de uno mismo. Para apreciarlo sólo es necesario pensar que mañana perdemos todo lo que tenemos y hacer un repaso de lo que perderíamos.

5.-Tu pareja.A menudo a quien más nos cuesta aceptar es a nuestra propia pareja.El reto está en saber aceptar y comprender la visión diferente que aporta la otra persona. Así ambos miembros de la pareja se enriquecen y pueden tener una comprensión más completa de la realidad.

6.-Los demás.Aceptar a los demás implica reconocerles tal como son, sin juicios. La identificación con la otra persona y un esfuerzo para comprenderla mejorará la capacidad para relacionarnos sin prejuzgar a los demás.

7.-Uno mismo.Para lograr aceptar a los demás y las situaciones que vivimos necesitamos conocernos y aceptarnos mejor. Pero, a la vez, esta confianza en uno mismo crece a medida que aprendemos a aceptar el entorno y la vida tal como se presenta. Aunque lleva tiempo, cuando uno llega a aceptarse desaparece gran parte de su inseguridad y se relajan los sentimientos de culpa o duda y la autocrítica.

Cristina Llagostera

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