Las Formas De Amar
La subjetividad está presente en todas las dimensiones de la vida humana. Una amiga mía tenía dos abuelos. Uno rico y uno pobretón.
El rico tenía una casa abierta y siempre llena de nietos, sobrinos y amigos, llevaba a sus nietos a comer a restoranes, hacia unas Pascuas fascinantes, siempre tenía regalos.
El más pobre tenía una casa en que jamás había nadie, nunca los convidaba a almorzar ni a comer, no los llevaba de vacaciones, no les hacía otro regalo que un pequeño libro en el año a cada uno. Sus nietos le tenían miedo y algo de pena.
Cuando mi amiga creció heredó a su abuelo pobre y se enteró de que era rico. El abuelo rico murió sin dejar nada más que buenos recuerdos. Aun hoy nos reímos de las percepciones infantiles.
La historia no es una historia trivial, porque no es la historia de la avaricia y la generosidad, sino de las personalidades.
El abuelo rico que resultó ser pobre era por constitución un gran gozador. El presente le era muy importante, tal vez porque no conoció
grandes dolores ni deprivaciones en su vida. Era extravertido, necesitaba los vínculos para sobrevivir, necesitaba ser querido abiertamente, necesitaba tocar a la gente y le gustaba ser líder de los grupos a los que pertenecía. Quiso tener muchos hijos y no pudo y por lo tanto la familia ampliada le daba la ilusión de clan y le daba seguridad. No conocía la depresión, valoraba la belleza y no creía en el futuro. Decía que las herencias eran una sobreprotección innecesaria, que cada cual se forjaba su propia vida. Así había sido en su caso. No era obsesivo, sí bastante impulsivo.
El abuelo pobre que resultó ser rico nunca se sintió rico. Era hijo de inmigrantes, intelectuales que perdieron su estatus al llegar a Chile y lo recuperaron con gran esfuerzo. Este hombre vivió la obsesión de jamás volver a la pobreza de sus padres, vivía en la planificación de la vida, cuidadoso de nunca ser humillado ni mal tratado. Para él lo importante era armar una dinastía que perdurara, echar raíces, nunca perder el control, acumular conocimiento y prestigio. La comida no era más que una necesidad frivola y pasajera, pero el amor por los libros y la música eran perdurables y dignos. El placer también era muy importante, pero en la soledad y en el recogimiento del saber.
Ambos hombres eran generosos, ambos querían entregar a sus nietos una herencia, ambos valoraban a su familia por sobre todo.Dos hombres buenos, amorosos, cada cual a su manera. Cuento esta historia a propósito de la belleza de elegir lo que damos, más que aceptar normas al momento de escoger las maneras de amar.
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